
Por Andrea Fabiana Carrasco
“Desperté…sentí la fuga profunda de la ingenuidad infantil…cuando mi madre en un acto de benevolencia me develó una verdad sostenida con esmero cuando confesó que los reyes magos no existían
No habían importado los rumores a mí alrededor
Ciertamente los había escuchado entre dormida cuando comían el pasto y el trozo de pan dulce…claramente percibí cuando tomaban el agua…
No eran solamente los regalos…como mi razón iba a negar lo que todos aseveraban con tanta firmeza… las cartas… las palabras de otros alentando la espera…"
La zoncera que establece “Sin consenso no hay cambios”, es zonza al sostener que la toma de decisiones políticas depende la confluencia de criterios entre diferentes opositores, cuestión que muestra una visión simplista de lo que es el desenvolvimiento del poder político. Para que se produzcan cambios se dan alianzas políticas, eventuales, dinámicas, condicionadas, forzadas, fructíferas e infructuosas, históricas o no…pero de igual manera a veces los cambios surgen del disenso, el choque, la imposición, la negociación o sencillamente la traición.
Estas son las mismas razones por las que no se producen los cambios.

Por Juan Americo Federico
En estos momentos, nos guste o no, estamos asistiendo a una nueva toma o “expropiación” le llaman algunos, de terrenos “fiscales” por parte de un grupo socio-económico, al que mayormente se cree invisible o casi sin derecho a la existencia. Claro, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, yo diría no hay peor sociedad que la que se venda los ojos o simplemente crea un muro detrás del cual arroja, solo para no ver, los restos de una supuesta “barbarie latinoamericana”, solo por resultar incompatible con el standard mínimo de desarrollo social y confort que la época supuestamente nos impone, aunque la excusa mayormente usada sea, que son extranjeros y por lo tanto no deberían tener los mismos derechos que nosotros. A pesar de ello, existen estos seres humanos de distintos sexos, edades, religiones, patrias y niveles de pobreza, que son tan humanos como todos sus diferentes y que habitan el mismo suelo que ellos (¿nosotros?).
Por Eduardo Aliverti
¿Los precios suben porque los precios suben?
A nadie se le ocurriría dudar sobre la estupidez de esa pregunta. Así fuere por acto reflejo, de inmediato se contestará que no. Sin embargo, no hay casi nota periodística ni referencias de los economistas u opinólogos que integran el staff mediático, ni encuestas, ni preguntas, ni respuestas que no tomen a la inflación como un hecho de causas empíricamente abstractas: nadie tiene la culpa o la responsabilidad de que los precios suban.

Por José Natanson
La inmigración de los países limítrofes no es nueva. Como sostiene Roberto Venecia (Modelos contrapuestos en la integración de los migrantes en la sociedad argentina), en un comienzo, entre fines del siglo XIX y principios del XX, primaban los uruguayos. Luego se fueron sumando paraguayos, chilenos y bolivianos, distribuidos entre el área metropolitana de Buenos Aires y el interior del país, en particular en las zonas fronterizas con alta demanda de mano de obra: la agroindustria azucarera en el noroeste, Mendoza en tiempos de cosecha de la vid, las áreas algodoneras de Chaco y las tabacaleras de Corrientes.



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